Las horas se arrastraron lentamente en la oscuridad del dormitorio. Lo que al principio fue sorpresa y frustración se convirtió en una creciente desesperación. El tenue resplandor de las baterías de sus teléfonos comenzó a parpadear, amenazando con sumirlos en una oscuridad total.
—¡Ayuda! ¡Hay alguien ahí! —seguía intentando Richard, aunque su voz era estaba ya más apagada.
Valentina se sentía débil, con el estómago vacío rugiendo en protesta. La falta de agua era cada vez más agobiante, la bo