Cuando Valentina regresó a la sala con el vaso de agua, Gustavo lo tomó temblorosamente y bebió un sorbo grande antes de suspirar. Su rostro aún reflejaba angustia, pero parecía un poco más compuesto.
—Gracias, Valentina —dijo con voz ronca—. Perdón por eso. Necesitaba un momento.
Valentina lo observó con cautela, sin moverse de su sitio. —¿Y bien, Gustavo? ¿Qué era eso tan urgente que tenías que mostrarme?
Gustavo dudó por un instante, como si las palabras le costaran salir. Finalmente, con la