Al día siguiente, mientras Valentina intentaba trazar un plan para su peligrosa incursión en la mansión de su padre, su teléfono sonó, sobresaltánudola. Un número desconocido apareció en la pantalla, pero una corazonada le dijo quién era antes de contestar.
—¿Aló? —respondió con cautela.
—Valentina, soy Gustavo. Necesito verte. Es urgente. Tengo algo que mostrarte.
Su voz sonaba apremiante, similar a la última vez que hablaron. La insistencia de Gustavo la puso en alerta. —¿Qué es, Gustavo? ¿