En el instante en que Richard deslizó su mano por mi brazo, una corriente eléctrica recorrió cada fibra de mi ser. Su tacto, tan inesperado como ligero, despertó en mí una oleada de sensaciones que luchaban por ser reconocidas. Era una atracción innegable, una punzada cálida y confusa que me dejó sin aliento por un segundo.
—¿Qué vamos a hacer, Valentina? —preguntó Richard, su mirada juguetona y penetrante al mismo tiempo. Parecía haber notado el pequeño temblor que recorrió mi cuerpo, la agita