—Señora Ana —dijo Richard, dejando a un lado la carpeta con un suspiro pesado—, usted mencionó que el forense que levantó el cuerpo de mi padre se llamaba Alberto Gutiérrez, ¿verdad? ¿Lo recuerda? ¿Sabría dónde podríamos encontrarlo?
La señora Ana frunció el ceño, pensativa. —Alberto... Alberto Gutiérrez... Sí, claro que lo recuerdo. Era un hombre muy serio, muy dedicado a su trabajo. Hace muchos años que no lo veo... creo que se jubiló hace tiempo. No estoy segura de si sigue viviendo aquí en