Mientras le estábamos contando a Irene los intrincados detalles de los misterios de "La Luz", mi teléfono comenzó a sonar. Miré la pantalla y vi el nombre de Magaly, una colega periodista y amiga muy querida. Fruncí el ceño ligeramente, preguntándome qué podría querer.
—Disculpen un momento —les dije a Irene y Richard, levantándome un poco de la mesa para contestar la llamada.
—¡Amiga, te tengo que contar algo! ¡Es una sorpresa! —exclamó Magaly con una excitación palpable al otro lado de la lín