Después de ese abrazo que tanto necesitaba, Milagros mantenía esa sonrisa dulce y genuina que siempre me había cautivado. —Cuéntame, mi amor, ¿cómo has estado? —me preguntó con una curiosidad palpable en su voz suave. —Y ¿quién es esta bella joven?
—Ah, disculpa que no te haya presentado —dije, apartándome un poco para que ambas pudieran verse bien—. Ella es mi mejor amiga, se llama Magaly.
—¡Qué bonito nombre! —exclamó Milagros, dirigiendo una mirada cálida y afectuosa a Magaly.
—Gracias —resp