Samantha
Estoy sentada intentando disfrutar de la fiesta, pero es imposible concentrarme. La música suena, todos bailan, ríen, celebran, y yo estoy aquí, aferrada a la silla, luchando por no perder el control y tener un orgasmo en plena boda. Porque a mi adorado esposo se le ocurrió escabullirse debajo de la mesa.
—Oh, Dios… —susurro, cerrando los ojos cuando una oleada intensa me recorre por completo.
El orgasmo llega tan intenso que hace que mi respiración se acelere y tenga que llevarme la mano al pecho para no delatarme. Esto es una locura. Una absoluta locura.
Y lo peor es que ni yo misma sé en qué momento todo se salió de control.
Solo recuerdo haber regresado a la mesa para “descansar un poco”, sentir cómo alguien se acercaba demasiado… cómo el vestido que me había puesto para bailar con más comodidad se deslizaba apenas, y cuando miré hacia abajo, ahí estaba él.
Mi esposo. Con esa sonrisa peligrosa que me vuelve débil.
Le susurré que estaba completamente loco, que no podía ser