Cristian
—Hermano, relájate, ella llegará en cualquier momento… —dice Jonathan riéndose—. A menos que haya decidido no casarse contigo y esté huyendo ahora mismo.
Lo fulmino con la mirada.
—No seas idiota. Eso no va a pasar. Ella me ama y va a venir —respondo con rabia contenida.
—Eh, tranquilo, solo bromeo —dice con una sonrisa enorme, claramente disfrutando mi sufrimiento.
—Con eso no se juega, imbécil —escupo molesto.
Jonathan se encoge de hombros, pero antes de que pueda decir algo más, Williams aparece a nuestro lado, acomodándose el saco con toda la calma del mundo.
—¿Todavía nada? —pregunta mirando su reloj—. Wow… veinte minutos tarde. Eso es nuevo.
—No empieces tú también —gruño.
—Yo solo digo… —continúa— que, si no llega pronto, este lugar se va a convertir en un velorio antes que en una boda.
—Te juro que los mato a los dos —digo apretando los dientes.
Jonathan se ríe más fuerte.
Empiezo a caminar de un lado a otro como un maldito loco. Los invitados me miran, algunos disim