Cristian.
6 meses después…
—Cariño, ¿dónde estás? —digo entrando a la casa.
El silencio es lo único que me responde.
—Sam… —insisto, dejando las llaves sobre la mesa—. ¿Amor?
Nada.
Frunzo el ceño. ¿Estará durmiendo? Camino hacia la habitación, pero la cama está vacía. Voy al baño, reviso rápido… tampoco está ahí.
—¿Y esta mujer ahora dónde se metió? —murmuro.
Entonces caigo en cuenta.
El dormitorio del bebé.
Camino hacia allá y, efectivamente, ahí está. Sentada en el sillón, con una mano apoyada en la barriga y la cabeza ladeada, profundamente dormida. Me acerco despacio, enternecido. Se ve tan tranquila que me da hasta pena despertarla, pero necesito abrazarla.
Me inclino y le susurro al oído:
—Amor, despierta… ya estoy aquí.
Grave error. En menos de un segundo siento un golpe directo en la cara.
—¡Auch! —exclamo, llevándome la mano a la nariz—. ¡Hey! ¿Por qué me pegas?
Ella abre los ojos de golpe, pálida, desorientada… y cuando se da cuenta de que soy yo, su expresión cambia por co