Samantha
El sol entra despacio por la ventana, tibio, silencioso, como si también tuviera cuidado de no despertarnos. Estoy despierta desde hace rato, observando a Cristian dormir. Su respiración es tranquila, profunda, y su brazo rodea mi cintura con una firmeza exagerada, al parecer tiene miedo de que me desaparezca si me suelta.
Me muevo apenas para acomodarme mejor y, de inmediato, él reacciona. Me aprieta más contra su pecho, casi posesivo, incluso dormido.
—Ni se te ocurra huir. —murmura