Sobrevolamos el olimpo para luego dirigirnos a unas enormes puertas que se abren de par en par, la entrada que separa a los Dioses de los mortales; Debo decir que es bastante impresionante.
— ¡No te alejes! — Me grita Ares enojado.
Volteo a ver en su dirección, está muy delante de mi ¿En qué momento se adelantó bastante?, enredo un poco las riendas de mi yegua y le digo que corra más rápido para alcanzar a Ares.
— ¡Lo siento! — Le grito avergonzada. —Por los cielos… será muy difícil lidiar con