Cuando Lia finalmente despertó, su mirada se encontró con la madera oscura del dosel de la cama donde estaba recostada, ésta tenía cortinas oscuras amarradas a los postes, del mismo color que las mantas cubriendo su cuerpo.
El plateado de la luna se filtraba entre las cortinas cubriendo un amplio ventanal con forma de arco, cuyos detalles góticos proyectaban sombras alargadas dentro de la habitación.
Aún podía percibir el tenue sabor metálico en su boca. La punta de sus dedos rozaron sus labios