La habitación del hotel estaba en penumbras, iluminada solo por la tenue luz que se filtraba a través de las pesadas cortinas. Julia se abrazaba a sí misma mientras observaba a Roberto de pie frente a ella, con la mandíbula tensa y los ojos oscuros llenos de rabia contenida. Su porte imponente parecía ocupar todo el espacio, y el peso de su furia la hacía sentir aún más diminuta. —¿Tienes idea de lo que hiciste? —espetó Roberto con la voz cargada de veneno. Dio un paso al frente y la tomó de lo