Nueve meses después El tiempo había pasado volando. Nueve meses llenos de cambios, de noches sin dormir, de risas, llantos y amor. Nathan y Olivia estaban viviendo juntos, criando a su bebé con la ternura de quien descubre el mundo por primera vez a través de los ojos de otro. Habían decidido casarse cuando su hijo, el pequeño Nate estuviera más grande, y mientras iban sin prisa pero sin pausa, sabiendo que lo que compartían era profundo, verdadero.Un amor honesto. Por otro lado, Norman y Ekaterina también estaban conviviendo, aunque aún no hablaban de boda. Vivían entre cajas y planes, reformando la vieja casa de ella para mudarse definitivamente. Norman, terco como siempre, se negaba a vender su “departamento de soltero”, alegando que era su refugio personal. Ekaterina no discutía: en el fondo, le gustaba que conservara un pedazo de su independencia, como si eso también hiciera parte del hombre que amaba. Ese día era especial. Después de tantos intentos frustrados, finalmente habían