—¿Y entonces? ¿Me dirás que pasó con él?—preguntó Candy mientras giraba frente al espejo con un vestido rojo encendido que claramente no necesitaba, pero que de todos modos iba a llevarse. Ekaterina soltó una pequeña risa, aunque su mirada permaneció fija en el perchero frente a ella. —Vino a casa, de nuevo. —¡Ay, por favor! —exclamó Candy con un chillido agudo mientras entraban al probador de la siguiente tienda—. ¡Te lo dije, te lo dije! ¡Lo tienes completamente en tus manos! Ese hombre está