La noche caía con lentitud en la ciudad, envolviendo el departamento en una penumbra tibia, casi cómplice. La única luz provenía de una lámpara baja en el rincón del dormitorio, iluminando apenas los bordes de la cama deshecha, los cuerpos entrelazados y las emociones flotando en el aire como un perfume invisible. Olivia tenía la cabeza recostada en el pecho de Nathan, con la respiración aún agitada, la piel caliente y el corazón latiendo con fuerza. Habían hecho el amor sin urgencia, con una i