Capítulo 9: Besos y relámpagos.
Rod volvió a casa con el caer de la tarde, con las copas de los árboles bailando al compás del viento y los niños regresando a casa después de un largo día.
Así que subió las escaleras y se detuvo en la entrada de su cabaña, donde podía observar a Imara a través de los cristales tomando lo que parecía ser algo delicioso sentada en una de las sillas de la encimera.
Llevaba el cabello recogido y cualquier herida parecía cosa del pasado, no había nada en ella que te hiciera pensar que hace apenas