Carlos estaba en su oficina, rodeado de planos y papeles. La luz de la tarde entraba por el ventanal, tiñendo de dorado los muebles y la mesa de trabajo. Tenía la mirada concentrada en un boceto, cuando la secretaria entró con una taza de café.
—Aquí tiene, señor —dijo la joven, un poco nerviosa.
Pero apenas apoyó la taza, la bebida se volcó sobre el escritorio. El café se deslizó manchando varios papeles, entre ellos los dibujos en los que Carlos trabajaba desde hacía semanas.
—¡Cuidado! —excl