Capitulo 43

Esa mañana, Alondra salió rumbo al pueblo acompañada de Juan Pablo. El sol aún estaba bajo, y el aire fresco parecía no calmar la ansiedad que la oprimía por dentro.

Después de esperar un rato en el despacho municipal, fue recibida por el alcalde Gustavo, su tío.

—Sabes bien que eso no está en mis manos, sobrina —dijo Gustavo, mientras acomodaba unos papeles sobre la mesa.

Alondra se inclinó hacia él con voz temblorosa.

—Tío, por Dios… solo unos días más, le pido. Mire que casi aparece un compr
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