La casa de la Cumbre
Alondra subió despacio las escaleras de piedra que llevaban a la vieja casona de la Cumbre. El viento soplaba entre los pinos, arrastrando hojas secas que crujían bajo sus botas. La puerta, pesada y de madera oscura, se abrió con un chirrido que parecía un lamento guardado durante años.
El silencio la recibió como un abrazo frío. Allí, en aquella casa, habían nacido tantas historias, tantas sombras, y ahora era ella quien cargaba el peso de un secreto que la desgarraba: su