Isabell yacía en su lecho, con los ojos muy abiertos clavados en el reloj incapaz de conciliar el sueño. No dejaba de revivir cada instante de la velada con el Romanov, torturándose internamente con dudas sobre si sería capaz de seguir el siniestro plan de su padre. Por más que intentaba negarlo, lo cierto era que se había divertido en compañía del apuesto joven.
Dominic se había comportado como todo un caballero, mostrándose gentil y comprensivo en todo momento. Ni siquiera cuando ella vació a