Capítulo 31: Sospechas

En la recámara de la hacienda Santtorini, el aire estaba espeso con el aroma almizclado del sexo y el sudor. Joseph yacía desnudo sobre las sábanas revueltas, los músculos de su torso tensos y brillantes. La mujer a su lado arqueaba la espalda con un gemido gutural, instándolo a seguir con más fuerza. La cama de hierro negra rechinaba y golpeteaba contra la pared al ritmo de sus embestidas.

"¡Isabell, no puedo sacarte de mi mente ni por un instante!" pensaba Joseph frenéticamente mientras se hu
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