Dominic caminó por las calles nocturnas con la mirada perdida y la mente enredada en pensamientos tumultuosos. La imagen de Catalina, su reencuentro y la dolorosa despedida seguían frescos en su memoria, como una herida abierta que no dejaba de sangrar.
El frío viento otoñal azotaba su rostro, haciéndolo estremecer. Las hojas secas crujían bajo sus pisadas solitarias y el ambiente parecía envolverlo en una nube de melancolía. Algunas farolas parpadeaban, creando sombras inquietantes.
Decidió r