Capítulo Treinta uno.
Elena Voncelli.
No puedo dejar de llorar, ver el cómo asesinan a mi padre no es un momento fácil, nada resulta bueno.
Es atroz.
Sé que dudé de él, absolutamente no confié en su palabra, pero cómo podía. Toda evidencia encontrada apuntaba a él.
No es fácil para mí darle la razón a alguien que no la tenía, por muy doloroso que fuese.
Al verlo por enésima vez, lo quité de mi vista, cerré rápidamente mi laptop, y me quiebro en llanto.
Por un segundo pensé que todo era una mentira, que Alberto solo