Después de pasar toda la noche y buena parte del día despierto, Filipo comprendió que la venganza de Amalia sería mucho más dura de lo que había imaginado.
Ya era casi mediodía y ella no había aparecido por casa.
Terminó enviando al guardia de seguridad de la garita a descansar y ocupó su lugar.
Se quedaría vigilando hasta que ella regresara.
Entonces, un automóvil se detuvo al otro lado de la calle.
Permaneció allí varios minutos hasta que la puerta se abrió y de él descendió su esposa.
—Ahí e