Tres meses después, allí estaba Lisa mudándose a su nuevo apartamento, completamente amueblado y con una vista privilegiada. Sonreía frente al espejo mientras se probaba el vestido de madrina que usaría en la boda de Filipo y Amália.
Los dos se llevaban de maravilla, y la presencia de Filipo en la casa de su novia se había vuelto algo habitual. Un mes después de haberse mudado a Brasil, le preparó una sorpresa. La llevó a pasar un fin de semana en una cabaña en las montañas.
—Filipo, este lugar