Ya habían pasado casi dos semanas desde que Amália estaba en suelo estadounidense. Su madre acababa de recibir el alta médica y ya se encontraba en casa. Aunque insistió en que su hija se hospedara con ellos, Amália se negó. Pasaba el día acompañando a su madre, pero por las noches regresaba al hotel para dormir.
—Mamá, ahora que ya estás bien y has vuelto a casa, necesito regresar a Brasil. Tengo muchas cosas que atender allí.
—Lo sé, hija. Perdóname por retrasar tus compromisos.
—No has retra