Naciendo en una familia rica, desde pequeña tuve privilegios que otros niños nunca tuvieron, pero junto con los privilegios también llegaron las responsabilidades.Todo comenzó cuando mis padres regresaron de un viaje. Habían estado fuera durante dos semanas.Cuando llegaron, decidieron hablar conmigo sobre el supuesto negocio que habían cerrado durante el tiempo que estuvieron fuera.Estaba en mi habitación, leyendo una novela, cuando de repente Guadalupe, la empleada de la casa, llamó a la puerta.—Señorita Amalia, su padre mandó llamarla. La está esperando en el despacho para conversar con usted, ¡su madre también está allí! —dijo con cierta desconfianza.—Ya voy, Guadalupe, gracias.Ella salió y cerró la puerta.De inmediato empecé a imaginar qué querían mis padres. Caminé hacia el despacho, llamé a la puerta y esperé a que me dijeran que entrara.—¿Me mandaste llamar, papá? —pregunté al entrar en el despacho.—Sí, Amalia. Siéntate, tu madre y yo tenemos una excelente noticia que
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