Se sentaron en un pub muy famoso de la ciudad natal de Amália. A aquella hora había poca gente, lo cual era algo bueno.
Filipo parecía muy tranquilo y elegía su pedido con paciencia.
—Qué bueno que tu madre está bien —dijo Filipo después de hacer su pedido.
—Sí, eso me deja mucho más tranquila ahora.
—Sé que no debería meterme en tu vida, pero ¿hasta cuándo piensas quedarte en el país?
—Esperaré a que le den el alta. En cuanto esté en casa y todo marche bien, regresaré. Hay muchas cosas que tuv