22

Havían pasado horas desde que Filipo había llegado a casa. El reloj ya marcaba más de la una de la madrugada y no había ni una sola señal de que su esposa regresara.

Quería que apareciera para hablar civilizadamente con ella y pedirle disculpas por el malentendido, ya que hacía más de un mes que él e Ingrid no tenían ningún tipo de relación.

Pero hasta ahora, nada.

Su teléfono seguía apagado.

Almir le había dicho que ella no lo había llamado para que la llevara o la recogiera en ningún sitio. S
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