Los últimos días en la vida de Filipo estaban siendo completamente estresantes. No lograba dejar de pensar en su esposa y en lo hipnotizado que estaba por ella. Sin darse cuenta, Amalia se había apoderado de su corazón y, por más que no quisiera admitirlo, le gustaba. Y el hecho de que ella hubiera comenzado a despreciarlo fue el detonante que hizo que todo se volviera mucho más claro en su mente.
En su despacho, mientras revisaba unos documentos, su amigo Louis entró con una amplia sonrisa.
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