—¿Quién te dijo semejante absurdo? —preguntó con voz temblorosa.
—¿No acabas de decir que sé todo sobre tu vida? Pues sí, me entero de las cosas.
—¿Y cómo lo supiste? Estás mandando a alguien a vigilarme. Filipo, ¿hasta qué punto puedes llegar a ser tan entrometido?
—Entonces, ¿no vas a negarlo ni a defenderte? —preguntó indignado.
—¿Por qué debería negarlo? Solo fue un beso. Comparado con todas las cosas que tú haces por ahí, yo no hice nada malo.
—¿Cómo que no? Estás casada conmigo y besaste