Bastián
Había pasado las últimas dos semanas en el mismísimo infierno.
No solo por todo lo ocurrido con Eliza, sino porque justo cuando estaba decidido a hablar con ella, una de las sucursales en Seattle se incendió y tuve que viajar de emergencia.
Intenté convencerme de que podía esperar, pero no quise hacerlo por teléfono. Me parecía impersonal, ella merecía algo más. Desde que su amiga se marchó enfurecida del restaurante creyendo cosas que no eran ciertas, el miedo a que Eliza desapareciera