Bastián
Revisaba los mensajes en mi teléfono mientras tomaba un sorbo de café. Era uno de esos raros momentos en los que la oficina estaba tranquila, un respiro después de una mañana interminable de reuniones. Como siempre, Eliza había estado impecable, eficiente hasta el punto de hacer que todo pareciera fácil.
Esa pelirroja.
Mi mirada se desvió de la pantalla, y sin darme cuenta, mis pensamientos ya estaban en ella. Desde que aceptó formar parte de este plan, no había dejado de desconcertarme