Eliza
Me levanté temprano, aunque decir que había dormido sería una exageración. Apenas había conciliado el sueño, y cuando lo hacía, las mismas preguntas seguían rondando en mi cabeza. La idea de tener una cita con mi jefe todavía me ponía inquieta, por más que intentara convencerme de que solo era una farsa.
Bajé rápidamente por un café, rezando para no cruzármelo en ninguna parte. La casa estaba en silencio, y aproveché para volver a mi habitación antes de que él apareciera. Cerré la puerta