El aroma del cabello recién secado todavía flotaba en el aire cuando Violeta, con una toalla colgando de su hombro, se apartó un poco del sofá y comenzó a mostrarle al joven su pequeño apartamento.
—Bien —dijo, caminando frente a él—. Este es el cuarto principal. Aquí tenemos la cocina, el comedor y la sala, todo en el mismo espacio. —Señaló los muebles sencillos, pero acogedores—. Detrás están dos habitaciones: la de mi papá y la mía, y justo aquí está el baño. —Señaló una puerta a la izquierd