La noche anterior a la boda se sentía suspendida en un silencio expectante. Londres dormía bajo una llovizna tenue, pero en el apartamento todo era calma y pensamientos. Violeta estaba sentada en el sofá, con una lata de soda entre las manos. La espuma fría le hacía cosquillas en los dedos mientras Atenea, hecha un ovillo a su lado, la observaba con sus grandes ojos dorados.
La gata parecía inquieta, tal vez percibía el nerviosismo de su dueña. Violeta la acariciaba distraída, con los pensamie