El apartamento olía a mezcla de harina, café y algo que probablemente había estado demasiado tiempo en el horno. La encimera estaba cubierta de ingredientes, utensilios y un caos delicioso que hablaba por sí solo: el primer día de ensayos de cocina había comenzado.
Violeta, con el cabello recogido en un moño desordenado y el delantal atado a la cintura, se movía entre los estantes con agilidad, mientras Liam la observaba desde la mesa, sosteniendo una cuchara con cierta desconfianza.
El sol de