La mañana siguiente al diseño del santuario fue dedicada a un solo propósito, la formalización de la noticia de su embarazo ante el mundo, no como un evento social, sino como un protocolo de seguridad, Kael y Elara se sentaron en la sala de comunicaciones del búnker, la vista del océano y el bosque detrás de ellos servía como un telón de fondo de paz, contrastando fuertemente con la naturaleza disruptiva de lo que estaban a punto de hacer, Elara, con el crecimiento de su vientre ahora innegable