El pasillo que conducía a la sala de juntas se había convertido en un campo de batalla sensorial. El relicario de Serena, con la imagen de Kael niño llorando, actuaba como un foco de dolor psíquico, amplificado a través de la conexión emocional de la pareja. La ira y la humillación de Kael se estrellaban contra la mente de Elara, creando el pico de estrés perfecto que el padre había diseñado: un caos sensorial que neutralizaría la Habilidad de Elara y, por extensión, la única prueba irrefutable