La tranquilidad del laboratorio subterráneo se había transformado en un epicentro de concentración. Elara estaba completamente absorta, sentada frente a la consola de Lysandra, sus dedos apenas rozando el diminuto dispositivo de audio cifrado que había conectado a la antigua máquina de transferencia de datos.
Kael permanecía a su lado, anclándola con su presencia y el flujo constante de su confesión amorosa, la verdad de su arrepentimiento que actuaba como un escudo contra el caos sensorial que