El viejo hangar de Orion Corp., oculto entre un laberinto de almacenes industriales abandonados a las afueras de la ciudad, se alzaba como una silueta oscura bajo el cielo incierto, un refugio oxidado que contrastaba brutalmente con el mármol pulido y los jardines inmaculados de la mansión que acababan de dejar atrás, era un lugar que Kael había designado como su último bastión, su único santuario libre de la toxicidad de su padre y el veneno que corroía la verdad, y ahora, en la quietud lúgubr