KYRION
Sonrío, me quedo observándola. No pretendo irme, al menos hasta que sus padres estén aquí, aunque nadie puede protegerla mejor que yo. Pero por primera vez en mi vida, siento que necesito esa mierda de estar solo, de pensar.
Mi mirada baja a su vientre, y sin que me dé cuenta, levanto mi mano. Le acaricio con ternura. Ella suspira fuerte.
—Eres tan fuerte como papá y tan terco como mamá. Te aferraste a la vida, mi don.
—¿Cómo le dijiste? —inquiere.
—Don, porque será el amo del mundo.
Rue