Treinta

KYRION

Su padre sale como si ella fuera la autoridad. Me quedo sentado, mirando solo su vientre. Ella se acerca y, al sentarse, mi mirada queda en sus pechos. Me obligo a subirla a su rostro.

—Gema Díaz —digo moviendo un lápiz sobre el escritorio.

Me lo arrebata como si le molestara el acto.

—¿Quién rayos te crees? —aprieto el puño sin cambiar mi posición.

—No. ¿Quién rayos te crees tú? ¿A qué estás jugando?

—¿Te parece que es un juego? Eres más cínica de lo que pude imaginar. Te fuiste, te lle
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