GEMA
Niego con la cabeza e intento apartarme.
Me acorrala.
—¿Quieres que te suplique unos minutos de placer? Gema, dime que no lo necesitas ni deseas.
—Quítate, no sé por qué confié en ti.
—Porque esperabas que hiciera esto, porque me deseas, porque quieres que te haga el amor.
—Estás loco —lo empujo, pero se aferra a mí. Se sitúa a mi lado.
Cual demente, me besa el cuello, desliza su mano por mi vientre y sé qué dirección busca seguir.
Se me escapa sin querer un gemido. Desata mi bata y descubre mis pezones duros.
—Haré lo que quieras, pero no te niegues esta vez. Por favor.
Intento hablar, pero me silencia con un beso que me deja sin aliento. Como una masoquista, se lo devuelvo.
—Te amo —me muerde el labio con lascivia—. Quiero recuperarte, Gema, a mi mujer. Quiero que lo aceptes, que nos demos otra oportunidad. Dime que sí y te daré lo que pidas.
Su mano alcanza mi centro.
—Kyrion…
KYRION
La silencio con un beso. Me muerde, pero no me aparto.
—Kyrion, te dije que no —me empuja con f