KYRION
La alcanzo en el pasillo. Camino detrás de ella para poder observarla.
—En taxi —dice cuando llegamos a la salida—. No pondré la vida de mi hijo en riesgo por andar con un ebrio.
No protesto, detiene el taxi y subimos. Uno mis manos en medio de mis piernas. Ella soba su vientre, mi mirada se mantiene en el movimiento de su mano, en el dedo en que debería estar el anillo.
No tardamos en llegar a la dirección que indicó al conductor. Abro y ayudo. No toman fotos. Ella lo nota, yo lo hago.