La luz del sábado se filtraba por las cortinas con una suavidad que parecía hecha a propósito. El apartamento de Kathie estaba en silencio, salvo por el sonido leve del tráfico lejano y el murmullo de una ciudad que despertaba sin apuro.
Kathie abrió los ojos lentamente. No se movió al principio. Solo escuchó.
Respiración. Calor. Presencia.
Noah seguía allí.
Estaba a su lado, dormido de lado, con una mano extendida entre las sábanas, rozando la suya. Su pecho subía y bajaba con una cadencia t