Piero colocó una mano sobre el muslo de Nerea y le dio un apretón. Ella dejó de sacudir la pierna y giró la cabeza para mirarlo.
—¿Y si fue me equivoqué? ¿Qué pasa si fue un error contactarlos? —Esas preguntas no había dejado de rondar su cabeza.
Había convencido a Piero de que debían reunirse con los padres de Vittoria al menos una vez y ver si merecía la pena introducirlos en la vida de Alba. Ellos no tenían por qué pagar por los errores de su hija.
—Como tú misma dijiste, los dos merecen v