Nerea soltó una risa, pero se calló cuando el dolor punzante en lado izquierdo del abdomen volvió a aparecer para recordarle su herida. Recibir un disparo era una completa mierd@ y esperaba nunca más volver a experimentarlo. No podía reír, toser o, para el caso, moverse sin sentir ese maldito dolor.
Se dio cuenta que su madre se había quedado en silencio y que ahora ella, su padre y Piero la miraban preocupados.
—¿Estás bien? —preguntó Piero con el ceño fruncido.
Nerea le dio su mejor sonrisa a